Nuestras glorias y nuestras tristezas dejan de ser importantes
Aquello que conquistamos o perdemos queda abajo
Desde lo alto de la montaña, tú ves como el número es grande
Y los horizontes anchos.
La pujanza da sus frutos, aletargando a lo impuro
Desvelando nuestros sentimientos, no encontramos margen de error
Solo a dos fuerzas igualadas, el bien y el mal, equilibrio natural
La omisión tentadoramente nos acecha.
Dudoso esta mi espíritu, la ignición es penetrante
Decidido se transforma y bebe el elixir de la victoria
Pues será el único modo de enemistar al dolor
Que vendrá en compañía de la confusión.
Me convierto en esa braza, y desaparezco por allí
Quedando solo las cenizas de lo que algún día fui
Llego al cielo, yo soy mis palabras
Yo soy mis meditaciones…
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